Por David Gómez | Editor

domainersNo es que sean unos incomprendidos, pero a veces tienen que explicarle una y otra vez a sus propias familias a lo que se dedican. Igual así, la conclusión es que “trabaja en esa cosa de Internet”. Es que decir, básicamente, que uno se dedica a comprar y vender dominios, puede resultar muy raro. A esto se suma el hecho de que esta profesión multidisciplinaria tiene poco más de diez años. Sin embargo, ser domainer es uno de los trabajos que causa más pasión y controversia en la web.

En Uruguay existe una pequeña pero pujante comunidad de estos seres del éter digital. No se trata de novatos, sino de un grupo exitoso de personas que nos darían otra razón a los uruguayos para llenarnos la boca con lo buenos que somos. Sin embargo la mayoría de ellos prefiere mantener un perfil bajo y guardarse el alarde para sus pares, ya que esta profesión tiene mucho del espíritu de competencia.

Hace unas semanas O2 tuvo la oportunidad de conocer a varios de ellos, que se dieron cita en el Hotel Conrad para participar del Encuentro Internacional de Domainers Punta 2009. El evento, que fue apoyado por Demene, el foro más importante de la comunidad hispana de domainers, tuvo lo que puede considerarse una muy buena participación, que incluyó a varios países de la región.

Todo un negocio
Un domainer es la persona que se dedica al domaining. Esto, como se dijo más arriba, consiste básicamente en invertir en la compra de nombres de dominios de Internet, o sea la dirección que se tipea para ir a una web. Por ejemplo, si quiero ir a Google, entonces escribo www.google.com.

Sin embargo, detrás de esas simples operaciones, hay todo un negocio que, según “El Nono”, uno de los domainers uruguayos más experimentados (aunque tiende a negar tal reconocimiento), puede ser comparado con el de bienes raíces. “Uno compra terrenos (en este caso dominios) en diferentes barrios (esto se podría asimilar a las extensiones .com, .net, .org o .info entre otras) y estos se valorizan al pasar el tiempo, ya sea por la escasez, por la ubicación o por lo que tienen construido”, explica.

Tampoco falta la incertidumbre ni la incidencia de variables externas. A entender de Torillo111, un domainer fernandino de “pequeño porte”, este mercado cambia mucho: “Puede haber mucha especulación. Un mes podés tener una inversión de US$ 2.000 en dominios, pero al otro mes cambió completamente la realidad, y lo que tenés perdió todo su valor”.

A modo de ejemplo, la llegada del iPhone produjo una gran corrida de registraciones a nivel mundial de dominios relacionados con el celular de Apple, que entre tantos, bien podrían haber sido: www.liberatuiphone.com, www.juegosparaiphone.com, www.iphonemasbarato.com, www.comunidadiphone.net o www.videosparaiphone.tv. Esos sitios seguro puedan tener una buena cantidad de visitantes y ser muy rentables. Pero si de un día para otro el iPhone dejara de estar de moda o fuera discontinuado, todo ese ecosistema también se desvanecería.

Subastas
La gran vedette de este negocio es la subasta de dominios, que es donde un domainer puede rentabilizar la inversión que estaba manteniendo e incluso experimentar su momento de gloria. Es que la esencia del domaining en sí es comprar dominios que involucren palabras genéricas o una combinación de éstas que apunten a desarrollar un negocio para un nicho o un mercado específico.

A modo de ejemplo, un buen dominio es www.juegosgratis.com, ya que si uno busca jugar online lo que va a hacer es poner esos vocablos en el buscador. Casi por norma –aunque en realidad es resultado de un complejo algoritmo que aplican los motores de búsqueda– juegosgratis.com aparecerá en primer lugar en la lista de los resultados y es casi cien por ciento seguro que el navegante haga “clic” ahí.

De hecho, la reventa del dominio www.juegos.com es uno de los hitos de esta industria. El paraguayo Christian Chena (www.chena.com) pagó la cuantiosa suma de US$ 1 millón. La anécdota señala que al principio lo tildaron de loco. Pero este domainer no se equivocó, porque cuando realizó la operación el sector ocio comenzó a estar en auge en la web.

Chena desarrolló un sitio para su dominio y al poco tiempo los millones de visitas que recibía se tradujeron en ingresos limpios de US$ 200 mil al mes. Con solo cinco meses de trabajo recuperó su inversión.

Hoy, en promedio, un buen dominio puede cotizar alrededor de US$ 1.500, cuando solo se registra en el caso de los .com por solo US$ 10. Igual ya nadie se asombra de las cifras astronómicas que se pueden pagar. En sedo.com, sitio de compra y reventa preferido por los domainers hispanos, se puede ver un escaparate de los dominios premium que se subastan. Esta última semana se pagaron 305,3 mil euros por dollars.com.

Ingresos
Además de las subastas, existen otras formas de tener ingresos. Esto, de acuerdo a “El Nono”, determina los diferentes perfiles de esta comunidad. Paralelo a los que se dedican a la compra y reventa, hay otros que para rentabilizar su inversión se dedican a “parkear” sus dominios con páginas que solo incluyen vínculos a publicidad.

Otros van un paso más lejos y desarrollan minisitios e incluso completos portales o redes, en los que traducen las visitas en ingresos por publicidad. Esto los convierte en responsables de buena parte del contenido de la red.

Sucede que cuanto más desarrollado esté un dominio, mayor será el precio que se pague por éste. A estas personas se los define como webmainers, porque combinan tareas de webmaster y domainer.

Por otra parte, existe una tribu rebelde, de la que los domainers prefieren guardar distancias porque no respetan su código de conducta. Se trata de los llamados “ciberocupas”, que se dedican a registrar nombres de marcas, instituciones o personalidades infringiendo derechos y copyrights para chantajear a los verdaderos dueños o aprovecharse de la inocencia de los navegantes para generar ingresos.

También pasa que entre los domainers hay historias reales de colegas que debieron experimentar el peso de la justicia y el poder de las corporaciones.

Entre los domainers uruguayos buena parte de los ingresos se generan utilizando los sistemas de publicidad de Google. El monto depende de las visitas que tenga el sitio y de cómo se posiciona en las búsquedas. Ninguno se atreve a decir la cifra exacta que gana, sobre todo porque pese a ser una comunidad que interactúa mucho, presenta ciertos recelos. Aunque no hay una regla exacta, un sitio que recibe medio millón de visitas al mes puede generar unos US$ 2.000 o US$ 3.000.

Reacción en cadena
Otra particularidad de los domainers de acá es que muchos tienen sitios porno. Este sector está en vilo desde noviembre-diciembre de 2008, cuando se comenzaron a sentir los primeros efectos de la crisis financiera global en la red.

Sucede que dentro de la Internet de habla hispana los españoles son los usuarios más rentables, debido a que el mercado latino aún está en la era de piedra en lo que respecta al e-commerce y el pago con tarjeta de crédito. En consecuencia, los ingresos del sector porno han disminuido drásticamente en la web.

No es que se consuma menos sexo; también la merma corresponde al negocio de los espónsors eróticos que, al margen de la crisis, hace tiempo que enfrentan una coyuntura negativa ante la abundancia de contenido sexual gratuito. Específicamente ganan menos por sitios como YouTube, pero de temática XXX. Esto ha hecho que muchas personas que consumían contenido de pago, como el video sms, ahora no gasten un céntimo más pues obtienen casi lo mismo gratis.

“Yo, por ejemplo, hasta noviembre ganaba entre US$ 800 y US$ 900 por estos servicios, y en enero solo generé US$ 200. El ocio y el porno están sintiendo la crisis”, comenta Torillo111, que arrancó en el negocio web hace unos años, cuando un webmaster español lo contrató para escribir leyendas para videos y fotos XXX.

Para pocos
A esta altura, puede pensar que está frente al trabajo de su vida, pero ser domainer no es fácil. Se trata de una profesión multidisciplinaria que no es para cualquiera. Hay mucha investigación de por medio. Hay que seguir tendencias, estar atento a las noticias, conocer el alcance de un término, sus variantes y todo lo que puede surgirle alrededor.

Incluso, muchas veces hay que empaparse de mucha cultura ajena a la propia. Por ejemplo, uno de los asistentes al congreso se estaba dedicando a registrar los nombres de ciudades japonesas. Ni que hablar de que también necesitan saber algo de marketing para Internet (SEO), management, finanzas y desarrollo web.

A quienes ahora se les ocurra experimentar deben tener en cuenta unas tres cosas: la experiencia es fundamental, por lo que hay que nutrirse de lo que otros domainers cuentan. Al principio puede resultar muy adictivo y hasta compulsivo, lo que le puede llevar a cometer muchos errores y registrar lo primero que encuentre. Le puede salir caro. Y, por último, hay quienes dicen que ya no quedan buenos dominios por registrar, pero seguramente la crisis traiga una lluvia de ofertas y oportunidades.

Este artículo es de mi autoría y fue publicado el 14 de marzo de 2008 en el suplemento O2 de El Observador. Para ver el informe en página puedes hacerlo a través de los siguientes vínculos: pag1 y pag2.

Digital Marketing — 14 March 2009

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